“La gente viene porque está mala y se pone peor”

EL PAÍS: Ocho de la mañana, lunes 18 de julio, último día de la ola de calor. El enfermero José Ramón de la Peña, de 65 años, mira la estación meteorológica y ni se sorprende cuando ve la aguja en 34° en la sala de espera, 37° en la de urgencias. “La gente viene porque está mala y se pone mucho peor. Es una vergüenza, una dejadez total, un abandono absoluto”, denuncia en el centro de salud de San Fermín, con 25.300 pacientes en el distrito de Usera de Madrid. “Ves a los enfermos muertos de calor, se abanican, se marean, les falta el aire... un día se cayó una señora y se rompió la nariz”.


Para De la Peña no es casual que ocurra en este barrio, donde la renta es de 26.284 anuales por hogar frente a una media de la ciudad de 40.195. “Esto en el de Salamanca no pasa”, barrunta. Según Isabel Sánchez, de Sanidad de CC OO, en Madrid hay “muchas situaciones similares, sin aire en todo el centro o en algunas salas”, sobre todo en Usera, Villaverde y Carabanchel ―dirección asistencial Centro―, “donde están los más viejos”. “No son problemas puntuales, son máquinas muy antiguas a las que hacen arreglillos, pero cuando se enfrentan a calor o frío intenso, no rinden”, sostiene la sindicalista.
 

“El de San Fermín es el más afectado, pero pasa en Guayaba, Fátima, Almendrales, Joaquín Rodrigo, Los Ángeles, Calesas, Los Rosales... En General Ricardos estaban el lunes a 31° a las 9.00, les tuvieron que llevar pingüinos [aparatos individuales]”, cuenta. No es un problema solo del sur. “Están así en Valdelasfuentes, de la dirección Norte; Castilla La Nueva, Oeste; Doctor Tamames y Ángela Uriarte, Sureste; Paseo Imperial y Casa de Campo, Noroeste, y en Aranjuez”, anota. “Estar sin aire con este calor es un peligro para los pacientes y es peligrosísimo para los sanitarios”, alerta. En verano, la normativa precisa que, en oficinas en las que no se hagan esfuerzos, se debe estar entre 17° y 27°, y con trabajos ligeros, entre 14° y 25°.

En San Fermín aseguran llevar cuatro años así. “La caldera no funciona, pero gerencia se niega a cambiarla porque vale mucho. Tampoco quiere instalar splits. Vienen, a veces el mismo día y otras al siguiente, hacen una chapuza, enfría 10 minutos y se para”, relata De la Peña. En Filomena sufrieron 5° y en esta ola, hasta 37°. “El lunes, la nevera de las vacunas estaba a 13° y ha habido que tirar 40 vacunas, 811,20 euros”, explica.

El centro, en el que trabajan 40 personas, se construyó en 2006 y tiene una superficie de 1.510 metros cuadrados en tres plantas. Está “hecho una birria” y lo de la caldera es solo una de sus “muchas carencias por mantenimiento nulo”. En las consultas, “se pueden bajar las persianas, pero en las salas de espera no, es un sistema eléctrico y tampoco funciona”. A falta de soluciones, medidas caseras: “El que tiene ventilador se lo ha traído de casa”. También hay dos pingüinos para siete consultas médicas y otros tantos para enfermería, una sala para curas, cuatro de pediatría, una de extracciones, una de urgencia y una de matrona.

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